Otra educación (más económica) es posible

“El colegio público “Virgen de Monserrate” de la pedanía oriolana de Torremendo ha suprimido los libros de texto para el curso 2012-2013 como “medida de ahorro para las familias” y, especialmente, tras la reducción de los llamados “bonolibros” por parte de la Generalitat”. Esta noticia, publicada por el diario El Mundo el pasado 27 de julio, hace pensar que otra educación es posible.

En esta escuela alicantina han decidido sustituir los caros libros de texto por cuadernillos cuyo coste es de unos 3 euros. Además, los profesores completarán el material didáctico con libros de la biblioteca, internet o libros de años anteriores.

Desde aquí quiero felicitar la iniciativa del personal y padres de este colegio y el esfuerzo que va a suponer no disponer de los típicos libros de texto. Me parece que con la situación actual del país, este tipo de medidas que desahogan un poco las maltrechas economías familiares siempre son bien recibidas.

Y es que de esta manera, los padres de los alumnos del Virgen de Monserrate se ahorrarán una media de 200 euros, que no es “moco de pavo”.

No veo lógico que para un niño de primero de Primaria -osea, de 6 años de edad- el coste de sus libros sea de unos 250 euros y que al final el curso compruebes que hay libros que no les ha dado tiempo de acabar y otros que casi no se han usado (a mi hijo le devolvieron de los DOS que lleva para música uno casi sin usar). Además de la costumbre de que se escriba en los libros y de esta manera hermanos que sólo se llevan un curso de diferencia no los puedan reutilizar, lo que supone que los padres tengan que comprar unos libros exactamente iguales dos veces.

Son muchas las voces de profesionales de la educación que creen que nuestro sistema educativo basado en los libros de texto está obsoleto. Un ejemplo lo recoge el profesor de la Universidad Complutense Rafael Feito tras un trabajo de campo basado en la observación participante y en grupos de discusión y entrevistas en profundidad, en el que el autor analiza el funcionamiento de un centro público madrileño de Educación Infantil y Primaria que lleva a cabo una innovación educativa sin libros de texto. La conclusión de Feito es que “la opción curricular de este centro supone adentrarse en la aventura del descubrimiento científico. Por desgracia, este camino choca con concepciones muy acendradas sobre en qué debe consistir la tarea de enseñar. Nuestra sociedad sigue considerando que enseñar consiste, básicamente, en que el profesor hable y transfiera sus conocimientos –o los del libro de texto– a las cabezas vacías del alumnado. Sin embargo, desde hace mucho tiempo sabemos que la gente no aprende así. Para que se puedan aprender nuevos conocimientos es preciso el establecimiento de relaciones con el conocimiento previo del alumnado. Eso explica que la escuela funcione muy bien con quienes proceden de hogares que son, en definitiva, prolongación de la propia escuela: hogares con libros, en los que se conversa racionalmente, y que llevan a cabo visitas culturales” (leer más en Aprender sin libros de texto obligatorios: La educación por proyectos).

Otro ejemplo lo encontramos en Gisela García Ron, profesora de Infantil en un colegio público de A Coruña, premiada por el Ministerio de Educación por utilizar la prensa escrita como herramienta para el aprendizaje de niños de 4 años y no recurrir a manuales sino que, a partir de un tema, investigan sobre él mientras aprenden las letras, los números o a leer. Esta profesora asegura que los libros de texto no se adaptan a las necesidades de todos los niños y que provocan que los alumnos aprendan más por repetición que porque realmente entienden lo que hacen (información del diario El Faro de Vigo).

Este verano he comenzado yo mi pequeña cruzada y en vez de comprar a mi hijo de seis años el típico libro de vacaciones le he comprado un par de cuadernillos Rubio, uno de problemas y otro de ortografía, que me han costado un euro cada uno; una libreta para un diario de verano donde escribe sus vivencias, viajes, lecturas… con un coste de 1,50 euros. Por último, hemos acudido a la biblioteca pública del barrio y hemos cogido libros de lectura adaptados a su edad -creo que vamos por los 16 ejemplares- a un coste cero. Total llevo gastado 3,50 euros. Además está acabando los libros de texto que durante el curso no le ha dado tiempo a terminar.

NUEVAS TECNOLOGÍAS EN LAS AULAS

Otra alternativa a los pesados libros de texto son las tabletas tipo iPad. Si cada alumno y cada profesor dispone de una, se puede trabajar de otra manera. Según Pablo Aguilera en ipadizate.es: “Hasta ahora una clase de cierta asignatura consistía, más o menos, en que los alumnos asistieran a la charla de un profesor, tomaran notas e hicieran las tareas asignadas. Incluso algunos afortunados podían preguntar sus dudas y originar cierto debate en clase. Sin embargo, ahí acababa la interactividad. Pero pensad en una clase, da igual en número de alumnos que tenga, en la que cada uno de ellos tiene acceso a un iPad sobre su pupitre. El profesor lanza una pregunta desde su dispositivo, obtiene las respuestas, y puede analizar en el mismo instante estadísicas y detalles sobre en qué han fallado sus alumnos“.

El precio de una de estas tabletas se amortiza en un par de cursos y puede servirle para todos sus años escolares. Habrá que ver cómo evoluciona este tema.

A ver si la crisis económica nos hace plantearnos cambios en la educación de nuestros hijos que en épocas de bonanza no nos hemos cuestionado y ahora puede ser un buen momento.

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